sha
INICIO       QUIENES SOMOS      POETAS ACTUALES      CONTÁCTENOS  

 

 Poetas inmortales

Amado Nervo 

Arthur Rimbaud

Cesar Vallejo

Charles Baudelaire  

Edgar Allan Poe 

Gérard de Nerval

Gustavo Adolfo Bécquer

John Keats 

José Asunción Silva 

José Martí

Juan de Dios Peza

Julio Flórez

Lord Byron

Paul Verlaine 

Rafael Pombo

Rubén Darío 

Stéphane Mallarmé

Tristan Corbiére  

Walt Whitman

 

      WEB RELACIONADAS

Escritores montemarianos

Revista Vestigios

 

 

Walt Whitman


31 de mayo de 1819 - 26 de marzo de 1892. Poeta, ensayista, periodista y humanista Estadounidense. Fue impulsador del verso libre. Su trabajo fue muy controvertido en su tiempo, particularmente por su libro Hojas de hierba (1855) descrito como obsceno por su abierta sexualidad.

 

Postrera invocación

Al fin, dulcemente,
dejando los muros de la fuerte mansión almenada,
el duro cerco de las cerraduras, tan bien anudado; 
la guardia de las puertas seguras,
sea yo liberado en los aires.

Con sigilo sabré deslizarme;
pon tu llave suave en la cerradura y, con un murmullo,
abre las puertas de par en par, ¡alma mía!
Dulcemente -sin prisa-
(carne mortal, ¡oh, qué fuerte es tu abrazo!
¡oh amor! ¡cuán estrechamente abrazado me tienes!)

 

Reconciliación

QUE a todos se diga: hermoso es como el cielo,
hermoso es que la guerra y sus lúgubres gestas sean al
     fin derrotadas,
que sin cesar, Muerte y Noche, con manos fraternas y
suaves, las mancillas laven del mundo;
pues murió mi enemigo; un hombre, divino como yo mismo, 
     está muerto:
y le miro yacer, con blanco semblante y muy quieto, en el ataúd 
    -y me acerco,
me inclino, y rozan mis labios, en el ataúd, su faz blanca.

 

Una escena de campamento, al alba gris y sombría...

Una escena de campamento, al alba gris y sombría...
Al salir de mi tienda, temprano y desvelado,
paseando lentamente, en el aire frío, por el sendero junto
a la tienda-hospital,
veo tres figuras acostadas en una camilla, tres figuras
yaciendo abandonadas allí,
cubiertas con una manta, con una amplia manta de lana oscura,
una manta gris y pesada que lo envuelve y cubre todo.

Curioso, me detengo en silencio.
Luego, con mis dedos levanto ligeramente a la altura del
rostro la manta del primero, el más próximo.
¡Quién eres, anciano flaco y horrendo de pelo gris y ojos
hundidos en las cuencas?
¡Quién eres, amado camarada?

Después avanzo hacia el segundo... ¿Quién eres tú, pequeño hijo mío?
¿Quién eres tú, dulce niño de mejillas aún en flor? 

Y después, el tercero... No es un rostro de niño ni de anciano: 
es un rostro muy sereno, como de marfil blanco amarillento.
Creo que te conozco, joven. Creo que este rostro es el rostro de Cristo,
muerto y divino, hermano de todos, que yace aquí de nuevo.