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Tristan Corbiére 

18 de julio de 1845 - 1 de marzo de 1875. Poeta Francés. Su verdadero nombre era Édouard-Joachim Corbière. Su trabajo fue poco conocido hasta que Paul Verlaine lo incluyó en su prosa poética de Los poetas malditos. Su único trabajo publicado en vida apareció en 1873. Es un libro de poemas en el que el lirismo descriptivo, el reflejo de la atracción que despertaron en el autor el océano y la tierra y la gente de Bretaña se unen a originales hallazgos formales, presididos por el sarcasmo, la crítica irónica y el espíritu de rebeldía.

 

Paria
¡Que se las arreglen con las repúblicas, 
hombres libres! -Picota al cuello- 
¡Que pueblen sus nidos domésticos..! 
-Yo soy el frágil cuclillo. 
-Yo- corazón eunuco, desprovisto 
de todo éxtasis y vibración… 
¿Qué me canta su libertad, 
a mí? Siempre solo. Siempre libre. 
-Mi patria… está en el mundo; 
y, puesto que el planeta es redondo, 
No temo ver el fin… 
Mi patria está donde yo la planto… 
Tierra o mar, ella está bajo mi planta 
de mis pues –cuando estoy de pie. 
-Cuando estoy acostado: mi patria 
es el lecho sólo y moribundo 
sobre el que quiero forzar en mis brazos 
mi otra mitad, como yo sin alma; 
y mi otra mitad: es una mujer… 
Una mujer que no poseo. 
-Mi ideal: es un sueño 
hueco; mi horizonte –lo imprevisto- 
y la nostalgia me roe… 
De un país que yo no he visto. 
Mi bandera sobre mí ondea, 
tiene al cielo por corona: 
es la brisa en mi cabellos… 
Y sin importar la lengua; 
puedo sufrir una arenga; 
y callarme si así quiero. 
Mi pensamiento es aliento yermo: 
es el aire. Por doquier el aires mío. 
Y mi palabra es el eco vacío 
que nada dice –y nada más. 
Mi pasado: es lo que olvido. 
Lo único que me ata 
es mi mano en mi otra mano. 
Mi recuerdo –Nada- es mi huella. 
Mi presente, es todo lo que pasa. 
Mi futuro –mañana… mañana. 
No conozco a mi semejante; 
yo soy lo que me hago. 
-El yo humano es detestable… 
-Ni me amo ni me odio. 
-¡Venga! La vida es una joven 
que por placer me ha cogido… 
El mío, es: reducir a harapos, 
y prostituirla sin deseo. 
-¿Los dioses?… –Por casualidad nací; 
tal vez algunos existan –por azar… 
Ellos, si desean conocerme, 
me hallarán en cualquier parte. 
Donde yo muera: mi patria 
se abrirá bien, sin suplicarlo, 
suficiente para mi mortaja… 
¿Y para qué una mortaja…? 
Ya que mi patria está en la tierra 
mis huesos allí se irán solos…

 

El grito del ciego

El ojo del asesinado aún vive
Una púa lo perfora
Estoy clavado y sin ataúd
Me han enterrado un clavo en el ojo
Pero el ojo así clavado aún vive
Y una púa lo perfora

Deus misericors
Deus misericors
El martillo golpea la cabeza de madera
El mismo martillo que construirá la cruz
Deus misericors
Deus misericors

La aves de rapiña
Miran atentas mi carne
Mi Gólgota aún no termina
Lamma lamma sabacthani
Las palomas de la muerte
Están sedientas de mí

Roja como una porta militar
La llaga luce al final

Como la encía babeante
De una anciana que desdentada ríe
La llaga luce al final
Roja como una porta militar

Veo círculos dorados ante mí
Son las mordidas del pálido sol
Tengo dos agujeros hendidos por un hierro
Encarnecido en la forja infernal
Veo círculos dorados ante mí
Son las mordidas del fuego celestial

Por mi médula viene retorciéndose
La lágrima a punto de surgir
Dentro se vislumbra el paraíso
Miserere, De profundis
Por mi cráneo viene retorciéndose
La azufrosa lágrima a punto surgir

Bendito sea el muerto bueno
El muerto salvado que duerme ya
Felices los mártires y los elegidos
que van tras su Virgen y su Jesús
Oh Bendito sea el muerto
el muerto juzgado que duerme ya

Desde aquí veo a un caballero
Que reposa sin ningún rencor
Descansa en el cementerio bendito
Bajo la siesta de granito
Desde aquí veo a un hombre de piedra
En su mirada no hay rencor

Oh, aún las siento
Tierras amarillentas de Armor
Aún siento el rosario entre los dedos
Y al Cristo de hueso clavado en la leña
Todavía me dejas boquiabierto
Cielo herido de Armor

Perdón, por llorar tan alto
Señor, pero tal es mi destino
Mis ojos son dos pilas de agua bendita hirviente
Donde Satán alguna vez los dedos clavó
Perdón por gritar tan alto,
Señor, contra la fe

Ya oigo al viento del norte
Que silba como un cuerno de caza
Es la llamada a la jauría espectral
Mi grito acompaña eso y más
El viento del norte,
La llamada del cuerno de caza...