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Rubén Darío


18 de enero de 1867 - 6 de febrero de 1916. Poeta nicaragüense. Su nombre era Félix Rubén García Sarmiento, máximo representante del modernsmo literario en lengua española. Es posiblemente el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico. Es llamado príncipe de las letras castellanas. Dentro de sus obras se destacan: Abrojos. (1887), Rimas. (1887), Azul (1888). Luego aparece una segunda edición, ampliada: Guatemala: Imprenta de La Unión, 1890. Tercera edición: Buenos Aires, 1905.

 

LOS TRES REYES MAGOS

––Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

––Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo. 
Existe Dios. El es la luz del día.
¡La blanca flor tiene sus pies en lodo
y en el placer hay la melancolía!

––Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro 
que existe Dios. El es el grande y fuerte. 
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

––Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos. 
Triunfa el amor, ya su fiesta os convida. 
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!

 

PEGASO

Cuando iba yo a montar ese caballo rudo
y tembloroso, dije: «La vida es pura y bella.»
Entre sus cejas vivas vi brillar una estrella.
El cielo estaba azul, y yo estaba desnudo.

Sobre mi frente Apolo hizo brillar su escudo
y de Belerofonte logré seguir la huella.
Toda cima es ilustre si Pegas o la sella,
y yo, fuerte, he subido donde Pegaso pudo.

Yo soy el caballero de la humana energía,
yo soy el que presenta su cabeza triunfante 
coronada con el laurel del Rey del día;

domador del corcel de cascos de diamante, 
voy en un gran volar, con la aurora por guía, 
adelante en el vasto azur, ¡siempre adelante!


TARDE DEL TROPICO

Es la tarde gris y triste.
Viste el mar de terciopelo
y el cielo profundo viste
de duelo.

Del abismo se levanta
la queja amarga y sonora.
La onda, cuando el viento canta,
llora.

Los violines de la bruma
saludan al sol que muere.
Salmodia la blanca espuma:
¡Miserere!

La armonía el cielo inunda,
y la brisa va a llevar
la canción triste y profunda
del mar.

Del clarín del horizonte
brota sinfonía rara,
como si la voz del monte
vibrara.

Cual si fuese lo invisible...
Cual si fuese el rudo son
que diese al viento un terrible
león.