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José Asunción Silva 


27 de novimbre de 1965 -23 de mayo  de 1896. Poeta colombiano. Suele reconocérsele como el gran iniciador del modernismo en Hispanoamérica, que el nicaragüense Rubén Darío llevaría a la cúspide. tuvo una formación literaria precoz, resultado de un ambiente familiar cultivado y creativo: José Asunción Silva era hijo del escritor costumbrista y acomodado comerciante Ricardo Silva, un hombre elegante, de refinado gusto y descendiente de una notable familia. A los dos años de edad, José Asunción tenía fama de prodigio en Bogotá. Parece ser que a esa edad ya sabía leer, escribir e incluso pintar. Influenciado por las tertulias literarias que su padre organizaba. Fue amigo de Rafael Pombo y Jorge Isaacs. Obras: El libro de versos, De sobremesa (Novela).  

 

Nocturno


Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro 
de tu inocencia cándida conservas el tesoro; 
 a quien los más audaces, en locos devaneos 
 jamás se han acercado con carnales deseos; 
tú, que adivinar dejas inocencias extrañas 
en tus ojos velados por sedosas pestañas, 
 y en cuyos dulces labios -abiertos sólo al rezo- 
 jamás se habrá posado ni la sombra de un beso... 
Dime quedo, en secreto, al oído, muy paso, 
con esa voz que tiene suavidades de raso: 
 si entrevieras en sueños a aquél con quien tú sueñas 
 tras las horas de baile rápidas y risueñas, 
y sintieras sus labios anidarse en tu boca 
y recorrer tu cuerpo, y en su lascivia loca 
 besar todos sus pliegues de tibio aroma llenos 
 y las rígidas puntas rosadas de tus senos; 
si en los locos, ardientes y profundos abrazos 
agonizar soñaras de placer en sus brazos, 
 por aquel de quien eres todas las alegrías, 
 ¡oh dulce niña pálida!, di, ¿te resistirías?...

 

Idilio


Sencilla y grata vida de la aldea 
levantarse al nacer de la mañana 
cuando su luz en la extensión clarea 
y se quiebra en la cúpula lejana, 
vagar a la ventura en el boscaje... 
Espiar en los recodos del camino 
el momento en que el ave enamorada 
  oculta en el follaje 
sus esperanzas y sus dichas canta. 
  En rústica vasija 
  coronada de espuma 
libar la leche, contemplar la bruma 
que en el fondo del valle se levanta, 
el aire respirar embalsamado 
con los suaves olores 
  de la savia y las flores, 
tomar fuerza en la calma majestuosa 
donde la vida universal germina, 
  en ignotos lugares 
que no ha hollado la vana muchedumbre 
en el bosque de cedros seculares 
del alto monte en la empinada cumbre; 
después, tranquilamente 
bañarse en el remanso de la fuente. 
  Con el rural trabajo 
que a los músculos da fuerza de acero 
y que las fuentes abre de riqueza 
endurecer el brazo fatigado 
y devolverle calma a la cabeza, 
sin fatigas, sin penas, sin engaños 
dejar correr los años 
y en la postrera 
descansar, no en lujoso monumento 
sino bajo el follaje 
del verde sauce a su tranquila sombra, 
cabe la cruz piadosa.